Proyecto Neuro-Oncología basada en evidencias (NOBE)

Proyecto Neuro-Oncología basada en evidencias (NOBE)
(Evidence Based Neuro-oncology)

El concepto de medicina basada en la "evidencia" (MBE) fue presentado en el año 1991 a través de un editorial en la revista ACP Journal Club y el término fue acuñado en Canadá en los años ochenta para aludir un nuevo enfoque en la docencia y en la práctica de la medicina, en el que se resalta la importancia del examen de las pruebas o evidencias procedentes de la investigación, la interpretación cautelosa de la información clínica derivada de observaciones no sistemáticas, y bajo cuya óptica se considera que no sólo la comprensión de la semiología y fisiopatología de una enfermedad son suficientes para la práctica clínica de buena calidad (1-3).

En la segunda mitad del siglo pasado se produjeron cambios que originaron un gran crecimiento y desarrollo de la investigación y una disponibilidad de medios sin precedentes. Los avances en el diseño de la metodología de la investigación clínica, de instrumentos para la recolección, manejo y explotación de datos, han dado lugar a una generación de conocimiento inmensurable. La explosión de la información ha ocasionado que la validez temporal del conocimiento disminuya, al tiempo que crece su obsolescencia. La vigencia de los datos de los libros de texto decrece, el número y periodicidad de las publicaciones se multiplica, y el tiempo, y los medios que se requieren para localizar, leer, interpretar y asimilar lo publicado no está al alcance de la gran mayoría de los profesionales, principalmente en países en desarrollo como el nuestro (3-6).

En las décadas anteriores, gracias a la aplicación de técnicas de gestión en el ámbito sanitario y a la gran cantidad de investigación publicada y en desarrollo, aparecieron dos preocupaciones, los costos de las intervenciones y la variabilidad en la práctica clínica. Este fenómeno tiene sus raíces epidemiológicas en el uso generalizado de los ensayos clínicos, la implantación de técnicas de síntesis cuantitativa y cualitativa, y en la difusión de los principios básicos de la bioestadística (4).

En 1970, la información disponible sobre el tratamiento del cáncer era mínima y difícilmente comprensible; sin embargo, la transición ha permitido que al menos 400 nuevas moléculas para el tratamiento de diversas enfermedades oncológicas sean probadas cada año y que sólo en Estados Unidos se encuentren en funcionamiento más de 60 centros para la investigación del cáncer que agrupan más de 8.000 investigadores. Esto se ve reflejado en la inclusión de al menos 1.000 artículos relacionados con oncología en las principales bases de datos cada semana, y que en la actualidad, entre el 8% y el 12% de toda la investigación mundial tenga relación con el cáncer (7,8).

A pesar del gran desarrollo de la investigación, América Latina sólo ha aportado el 0,97% de todos los experimentos clínicos registrados en Medline, de los cuales, el 70% se han realizado en Argentina, México y Brasil (9). La mayoría de los datos provenientes de investigación clínica en cáncer procede de los Estados Unidos (42%), Europa occidental (30%), Japón (15%) y Canadá (13%), mientras Colombia sólo representa el 0,81% de la producción en esta área para la región (sólo existen 3 referencias de experimentos clínicos realizados por instituciones académicas y hospitalarias del país, no patrocinados por la industria farmacéutica) (10-12). El desconocimiento de la respuesta a las intervenciones en cáncer en el país ha ocasionado que buena parte de las decisiones clínicas estén soportadas por datos provenientes de otras latitudes, que en muchos casos no son extrapolables a nuestros pacientes.

Empero de la gran cantidad de información disponible para la toma de decisiones en salud, buena parte de estas se realizan siguiendo evidencias de calidad censurable. El Centro para la Medicina Basada en Evidencias de la Universidad de Oxford demostró que en promedio, el 32% de las intervenciones en medicina tienen sustento epidemiológico; de estas, sólo el 2% están soportadas por la mejor evidencia, el 25% tienen evidencia modesta, el 50% corresponde a evidencia débil y el resto son decisiones basadas en la mejor experiencia (13).

Djulbegovic y colaboradores, llevaron a cabo un estudio que evaluó la calidad de las publicaciones en 14 entidades neoplásicas y la implementación de la información sobre estas patologías en un centro oncológico de cuarto nivel. Se revisaron 783 experimentos clínicos aleatorizados que soportaron el 24% de las decisiones e intervenciones de los especialistas; el 21% de las decisiones se tomo a partir de los datos de experimentos clínicos fase II y el 55% restante a partir series de casos y reportes anecdóticos (14). De forma similar, Galloway y colaboradores, hicieron un recuento exhaustivo de todas las intervenciones diagnósticas y terapéuticas hechas durante 1996 en el departamento de hematología del Hospital Bishop de Auckland (County Durham, United Kingdom). Este estudio determino que cerca del 70% de las decisiones en hematología en un centro de tercer nivel están basadas en investigaciones de buena calidad, lo que supera el promedio encontrado en estudios similares para las especialidades quirúrgicas (20%), para la práctica general (26%) y para medicina interna (50%) (15,16).

Siguiendo el curso de esta información, la RedLANO está promoviendo la creación del proyecto Neuro-Oncología Basada en Evidencias (NOBE) que presentará un análisis periódico de los artículos más representativos que impactan la práctica clínica rutinaria a nivel global. El estudio de esta información será solicitado por el Comité Editorial, recibirá el aval académico, y será valorado por miembros del Grupo Colombiano de la Colaboración Cochrane. Cada texto no tendrá una extensión superior a 2.000 palabras.

Referencias

1. Greenwood M. BMJ. 1948;2:467-8.

2. González de Dios J. An Esp Pediatr. 2001; 55:429-39.

3. Sackett DL, BMJ. 1996; 312: 71-72.

4. Sackett DL, Richardson WS, Rosenberg, Haynes RB. Evidence-based medicine. How to practice and teach EBM. 2nd ed. Edinburgh: Churchill Livingstone; 1997.

5. Guyatt GH, Meade MO, Jaeschke RZ, et al. BMJ. 2000; 320: 954-955.

6. The Evidence-Based Medicine Working Group. Edited by: Guyatt G, Rennie, D. Users' Guides to the Medical Literature. A Manual for Evidence-Based Clinical Practice.

7. Brooks AD, Sulimanoff I. Surg Oncol Clin N Am. 2002;11(1):3-10, vii.

8. Brennan MF. Surg Oncol Clin N Am. 2002;11(1):1-2, vii.

9. Cadeño R. ACIMED. 2004;12(2):16-28.

10. Correa P. J Natl Cancer Inst. 2000 6;92(23):1881-8.

11. Gong C. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 1999;8(2):167-71.

12. INC. Med Pediat Oncol. 1997;28(2):108-16.

13. Michaud G, McGowan JL, van der Jagt R, et al. Arch Intern Med. 1998 ;158(15):1665-1668.

14. Djulbegovic B, Loughran TP Jr, Hornung CA, et al. The quality of medical evidence in hematology-oncology. Am J Med. 1999;106(2):198-205.

15. Galloway M, Baird G, Lennard A. Clin Lab Haematol. 1997;19(4):243-8.

16. Booth A. Disponible en: http://www.shef.ac.uk/scharr/ir/percent.html Acceso: Julio 2009.

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